14 dic. 2010



Este sentimiento es amor, o tal vez solo costumbre disfrazada con cariño, maquillada a oscuras con algunos matices de pasión buscando entre tintes parecerse al hermoso sentimiento del amor.

Tal vez, me equivoco, y es amor, manchado y tiznado de costumbre, enfriado por la falta de pasión, golpeado y moreteado por la rutina del día a día, y así, se ve tan feo, que ya no parece amor.

Despertar por la mañana deseando sentir tu cuerpo al lado mio, y en su lugar, una sábana enredada mostrando solo un vago rastro de tu calorsito. Entonces quiero correr fuera de casa, a mi trabajo, donde puedo olvidarme del dolor que me llena el pecho, donde puedo olvidar la tristeza, el coraje, la decepción, y me convierto en otra al atravesar la puerta del salón.

Pasan las horas mientras trabajo, y de repente, el deseo inmenso de escucharte, te marco y con una voz tenue nos saludamos, a los pocos segundos, pierdo el sentido de la conversación y decidimos terminar la llamada para continuar cada una con nuestra ardua labor diaria.

Se acerca la noche y quiero que se de la hora para salir corriendo de estas cuatro paredes que me encierran y atiborran de trabajo, correr a ti para abrazarte, para ver en tus ojos una pizca de alegría y entre tu rubio cabello suelto perderme por un instante. Al llegar, el hambre, los pendientes del día siguiente, la labor de casa, me hacen olvidarme de ti, entonces, al terminar, solo corremos a la cama pues nuestro cuerpo ya no aguanta el cansancio del largo día.

Se asoma un fin de semana, que al parecer nos regalará un momento de alegría, y el pasar tiempo a tu lado se ha vuelto tan difícil que no se de que hablar, como comenzar la conversación y peor aún, continuarla sin terminar en pleito por algún tema incomodo que salga a colación.

Decido entonces que será mas fácil y placentero compartir mi tiempo contigo al lado de alguien mas, como la familia, amigos, gente en la plaza o cualquier otro pretexto que nos mantenga juntas, sonrientes e inclusive felices.

Me he perdido en la rutina, y en esa pérdida han venido a mi memoria esos deseos de antaño, esos sueños que tenía de nena, mi casa de soltera, aquella que sería mi gran cobijo por las noches, donde podría disfrutar el sueño de ser una mujer independiente, la que trabajaría y no estaría casada, la que viviría mucho tiempo así hasta cansarse, que tendría en su casa todo aquello que sueña (pantalla, muebles, mascotas, refrigerador con comida y vino, videojuegos, películas, fotos, posters y demás cosas que personalizarán mi estancia, sin un estilo fijo, sino mas bien, mi estilo), mis gustos, mis fiestas, mis amigos, mi tiempo, mi libertad, mi espacio, y entonces aparezco en memoria, yo, yo y yo, sin tapujos, sin miedos, sin barreras, mi buena frase “yo contra el mundo, y quien me quiera me querrá así”

Es tanta la distancia que nos separa, que pareciera que debería poder tener todo eso sin problema alguno y al no tenerlo, te declaro la única culpable de mi vacío interior, -me equivoco, reacciono- cuando he sido solo yo la que lo he provocado, ese espacio, esa distancia, esa falta de conexión, esa pérdida de “chispa”

¿Me olvidé de los momentos, los detalles, y me fijé en lo malo, lo cansado, lo fastidioso hasta que no supe encontrar lo bonito? O nos orillamos mutuamente a olvidarnos, sin querer, sin presionar, sin sonrisas, sin caricias, sin momentos.

Ahora la pregunta es ¿cuál es la mejor solución? ¿Lejos y buscarnos nuevamente? ¿Alejarnos para siempre? ¿Mantenernos juntas y buscar un equilibrio? ¿Fingir que todo esta bien? ¿Fingir que existe un remedio para ese amor golpeado y desfigurado o para esa costumbre disfrazada? ¿Renunciar? ¿Luchar? ¿Juntas? ¿Alejadas? ¿Mis deseos? ¿Los tuyos? ¿Los nuestros?

Y con tantas preguntas, me agobia el miedo, me presiona el pecho y deja poco espacio para el aire que me mantiene viva. Aprieta, mantiene y no deja voltear, me asfixia y no me permite mirar mas allá. Quiero gritar de desesperación y al no lograrlo, solo miro hacia arriba, me trago el nudo en la garganta y derramo una lágrima frustrada acompañada de insatisfacción.


Apareciste, tropezaste y te detuviste frente a mi sencilla, rutinaria y extraña vida. Sin esperarte, sin desearte en conciencia, odiando tu presencia, llegaste y no te fuiste, permaneces y desearía que fuera en ausencia esa presencia para no complicar mi existencia.

Destrozas mi barrera, aceleras mi corazón, derrumbas mis ilusiones y despiertas los sueños que alguna vez sepulté.

Sonríes, me miras, me abrazas y cuando estas a punto de besarme... me siento deshacer.

Eres tan predecible para mi, que me enamoré al saber lo que harías sin que lo hubieses hecho aún. Me enamoré de las cosas que aún no haces, y cuando las haces, me haces estremecer en placer.

Me olvido de todo al estar a tu lado, me siento feliz, y me da miedo pensar que sea solo el instante, los nervios me invaden al saber que puede ser solo una tonta ilusión de momento, y que al final, no existirá un sentimiento mas fuerte por ti.

¿Me enamoré? ¿Me ilusioné? ¿Desvarié? ¿Me equivoqué? ¿Llegaste? ¿Te irás? ¿Me iré?